Lagarde cambia de chip: el bce ya prepara subidas ante el shock iraní

Christine Lagarde no quiere despedirse como la presidenta que se quedó mirando cuando el precio de la energía se le escapó de las manos. Por eso, apenas estallaron los primeros misiles en el Golfo Pérsico, el Banco Central Europeo sacó el paraguas y cambió el guion: «vigilando atentamente» regresó al comunicado tras dos años de ausencia. El mensaje, para quienes saben leer entre líneas, es que el 2 % de tipo de depósito ya no es intocable.

Una palabra que pesa 25 puntos

«Vigilar de cerca» no es un adorno retórico. Carsten Brzeski, de ING, recuerda que la última vez que esa frase apareció fue en marzo de 2023, días antes de que el BCE subiera tipos 50 puntos básicos. La anterior, en 2022, precedió el ciclo que llevó el dinero del banco al 4 %. Ahora la expresión vuelve cuando la inflación de 2026 ya se revisó al alza (2,6 %) y el crecimiento se recortó al 0,9 % este año. Traducción: la mesa de la reunión de junio puede tener sobre la mesa un alza de 25 puntos que hace diez días parecía imposible.

El cambio no es caprichoso. El conflicto iraní ha cortado de golpe el 10 % del gas natural licuado que llega a Europa desde Qatar. Son 2 500 millones de metros cúbicos que ahora compiten Asia y Europa en subasta diaria. El resultado: los futuros del TTF han saltado un 38 % en una semana y las reservas europeas están en mínimos estacionales. «La eurozona entra en verano con el depósito de gas medio vacío y el termostato de Lagarde encendido», resume Irene Lauro, economista de Schroders.

El error que lagarde no quiere repetir

El error que lagarde no quiere repetir

La presidenta francesa lleva cicatrices de 2022. Entonces insistió en que la inflación energética sería «transitoria» hasta que el IPC superó el 10 %. Ahora, con 18 meses de mandato por delante, ha decidido adelantarse al crédito. «No estoy diciendo que estemos bien, pero estamos mejor preparados», dijo el jueves, minutos después de mantener el tipo sin moverlo. La frase suena a promesa: esta vez no esperará a que los salarios se reindexen para actuar.

Los mercados han entendido el mensaje. Los swaps de inflación a cinco años ya descuentan un 2,4 % y los futuros de Euribor señalan tres subidas de 25 puntos antes de marzo de 2025. BlackRock, que hace diez días daba un 20 % de probabilidad a un alza, revisó al 60 % tras la rueda de prensa. «La barrera para tolerar una inflación por encima del objetivo es ahora más alta que antes de 2022», admite Konstantin Veit, gestor de Pimco. En otras palabras: Lagarde prefiere cargar con la réplica de «ahogar la economía» antes que regalar otro capítulo de «lo ves, no la controlaban».

El gas que faltaba y la recesión que acecha

El gas que faltaba y la recesión que acecha

Mientras tanto, la eurozona juega al mus. Cada día que dure el bloqueo de Qatar suma 250 millones de euros adicionales en importaciones de LNG spot. El coste ya ha empezado a filtrarse: el índice Ifo alemán cayó en abril y las fábricas del Valle del Ruhr avisan de paros parciales si el gas supera los 50 €/MWh. «El BCE puede subir tipos en junio, pero si el conflicto se alarga hasta septiembre la recesión llegará antes que la inflación baje», advierte Lauro. La trampa está servida: actuar tarde empeora la inflación, actuar pronto precipita la recesión.

Lagarde, veterana de tantos consejos de ministros, lo sabe. Por eso este jueves no quiso matizar plazos. «Dependemos de los datos», repitió, aunque el lenguaje del BCE ya ha dicho bastante: la guerra iraní ha convertido la próxima reunión del 18 de junio en una cita de riesgo. Si el gas no baja antes, el tipo de depósito subirá. Y si sube, la despedida de Lagarde podrá ser dura, pero al menos no será por llegar tarde otra vez.