La fed frente al abismo: cuatro recortes en 2026 se alejan mientras el petróleo amenaza
Wall Street contaba los días para saber si Stephen Miran cumpliría su promesa de cuatro tijeretazos a los tipos en 2026. La respuesta, este miércoles, fue un silencio que retumbó más que cualquier anuncio: la Reserva Federal mantiene el tipo sin mover y admite que la inflación no cede. La guerra entre Estados Unidos e Irán acecha al petróleo y, con él, a cada cartera.
El desacuerdo que nadie esperaba en la fed
Miran, gobernador de la Fed y antiguo asesor fiscal de Trump, rompió filas. Quería un recorte de 25 puntos básicos ya. Su argumento: la incertidumbre geopolítica golpea más que cualquier modelo de expectativas racionales. Jerome Powell le cerró la puerta. Primero hay que ver inflación convergiendo al 2 %, dijo. El mercado escuchó un «no» disfrazado de «todavía no».
Lo que nadie cuenta es que el barril de Brent ya ronda los 92 dólares. Cada 10 $ de subida le cuesta al consumidor estadounidense unos 60 000 millones anuales, según cálculos de la EIA. Traducción: la inflación de servicios, la que más pesa en el IPC, tiene combustible para seguir ardiendo. Y la Fed lo sabe.

Por qué irán pesa más que la curva de phillips
La teoría ortodoxa dicta que la inflación baja cuando la economía se enfría. Pero la economía ya no enfría: el PIB avanza a un ritmo anualizado del 2,8 % y el mercado laboral añade 250 000 empleos al mes. El verdadero freno llega por el lado de la oferta: el Estrecho de Ormuz convulsionado, los seguros marítimos por las nubes y un millón de barriles iraníes fuera del mercado. Powell, en la rueda de prensa, usó la palabra «commodities» tres veces en cinco minutos. Traducción: la Fed ya no manda en la parte de la inflación que más duele.
Miran, en cambio, prefiere anticiparse. Su hipótesis: el choque petrolero será transitorio si se desescala el conflicto, y un recorte anticipado evitaría un frenazo innecesario. El resto de la junta no compra el cuento. El «dot plot» —la proyección de tipos de los miembros— sigue marcando solo dos recortes en 2026, frente a los cuatro que vaticinó Miran en enero. La cifra habla por sí sola: la distancia entre ambos bandos es de 50 puntos básicos, el equivalente a 200 000 millones de intereses hipotecarios.

El calendario que condena a biden (y a tu hipoteca)
La próxima reunión con potencial de acción es septiembre. Para entonces habrán llegado cinco lecturas más de IPC, dos informes de empleo y, probablemente, otro ataque iraní a un petrolero. Si el petróleo sigue por encima de 90 $, la Fed se verá forzada a subir, no a bajar. El presidente lo sabe: cada punto de inflación adicional resta cerca de cuatro puntos de aprobación, según modelos de FiveThirtyEight. Y Trump ya promete «drill, baby, drill» en cada mítin.
Miran, mientras tanto, defiende su postura en conferencias privadas: «Un banco central que se guía por Twitter es un banco central que llega tarde». La frase circula en WhatsApp de operadores como un mantra contra la inacción. Pero la mayoría de la junta prefiere la lección de Arthur Burns: si abres el grifo antes de tiempo, el fuego de la inflación dura décadas.
El cierre de ayer lo dejó claro: los futuros de los fondos federales descuentan solo un 38 % de probabilidad de un recorte en septiembre. Los cuatro recortes de Miran pasan a ser, de momento, un deseo de navidad. Y el contribuyente de a pie, el que llena el depósito a 3,60 $ el galón, paga la factura de una guerra que la Fed se niega a monetizar.
