Ex espías de la cia se convierten en ceos de startups de defensa

La línea entre operativo encubierto y empresario de alto nivel se desvanece. Varios ex agentes de la CIA han fundado startups tecnológicas para aprovechar el aumento récord del presupuesto de defensa de EE. UU., que Trump quiele elevar 1,5 billones de dólares, con la mitad destinada a inteligencia artificial y tecnologías emergentes.

Brian Carbaugh pasó años infiltrado en zonas de conflicto bajo identidades falsas. Hoy dirige Andesite, una empresa de análisis de datos que ya negocia contratos multimillonarios. Su queja de siempre: en Afganistán recibía fragmentos de información sin contexto, sin integración, sin velocidad. Ahora vende la solución que entonces le faltó.

El pentágono ya no quiere dinosaurios

El pentágono ya no quiere dinosaurios

Los gigantes tradicionales del sector defensa —Lockheed, Raytheon, Boeing— entregan hardware en plazos de años. Trump, impaciente, abre la válvula de dinero fresco a quien demuestre resultados en meses. Carbaugh y sus ex compañeros lo saben: han pasado del campo de batalla al pitch de inversión sin cambiar el objetivo: anticipar al enemigo.

Aaron Brown, antiguo oficial antiterrorista de la CIA, fundó Lumbra para construir arquitecturas de IA capaces de procesar inteligencia en tiempo real. Ryan Joyce, ex analista de operaciones, creó GenLogs Corp. para rastrear camiones y blindar cadenas de suministro. Las tres startups salieron al mercado este año y ya suman 120 millones en rondas de preinversión.

La guerra con Irán, aunque sea por proxy, impulsa la demanda de ciberdefensa y electrónica de guerra. El mercado global de seguridad nacional basada en tecnología se estima en 338.000 millones para 2033. Carbaugh resume la jugada: “Nosotros ya pagamos el coste de no tener estas herramientas; ahora cobramos por construirlas”.

El cambio de chaqueta es completo: de la clandestinidad a la sala de juntas, del silencio al earnings call. La ironía es que sus principales clientes siguen siendo los mismos que antes les daban órdenes. Solo que ahora firman cheques más rápido que cualquier bureaucrático del Pentágono. Y Trump, mientras tanto, ya presupuesta el siguiente aumento. La inteligencia, en todos los sentidos, se ha privatizado.