Escribano cancela la fusión con indra: la sepi frena su ambición
La familia Escribano ha tirado del freno de emergencia. A última hora de este lunes, Escribano Mechanical & Engineering (EM&E) retiró su oferta de fusión con Indra después de que la SEPI publicara un escueto comunicado advirtiendo de un conflicto de interés que incomodaba al accionista público. La operación, que prometía crear un coloso ibérico de la defensa y los semiconductores, se derrumba en el momento álgido de las negociaciones.
El consejo de administración de Indra recibió el sobre a las 19:15. En apenas ocho líneas, EM&E comunicaba su retirada y, de paso, lanzaba un órdago: «Frenar ahora es la mejor forma de salvaguardar el proyecto de crecimiento de la compañía». Una lectura velada que interpretan los analistas como un «hasta luego» más que un «adiós definitivo».
La sepi aprieta y el 'chip patriótico' se resquebraja
Fuentes próximas al consejo admiten que la presión de la SEPI —que controla el 28 % de Indra— se intensó después de que Bruselas empezara a tantear la operación. El temor: que la integración vertical blindara a Escribano como proveedor privilegiado de los futuros microprocesadores de defensa españoles, marginando a la competencia europea. El escrito del 18 de marzo fue la estocada final: un recordatorio de que cualquier cambio de control pasaría por el tamiz de la Comisión Nacional de Mercados y Competencia y, muy probablemente, por la Dirección General de Defensa de la UE.
Ángel Escribano, presidente y alma de la firma familiar, no ha querido desgastar más capital político. En los pasillos de la feria FEINDEF se comenta que el empresario ya baraja nuevas alianzas: desde un joint venture con el grupo alemán Rheinmetall hasta la compra de la división de munición de Nexter. «No necesitamos absorber Indra para liderar el segmento de chips militares», susurra un directivo que pidió anonimato. «Con un foundry propio en Zaragoza y 120 millones de pedidos firmados, tenemos margen para crecer sin ataduras».

Indra se queda sin escudo y el estado mueve ficha
La cotizada pierde el escudo que la familia Escribano prometía construir: un hub nacional de semiconductores de seguridad que blindara los programas FCAS y ESP frente a las exportaciones de Washington. Ahora, el Ministerio de Defensa estudia crear una sociedad estratégica participada por SEPI, Indra y Semiconductors SL para no depender de socios privados. El plan, adelantado por este diario, contempla una inyección de 450 millones en tres años y la expropiación temporal de una planta de 200 nm en Villarcayo.
En el parqué, el título de Indra cerró con un leve repunte del 1,3 %: el mercado respira ante la incertidumbre, pero desconfía de un vacío accionarial que la SEPI no puede llenar sola. «Sin la familia Escribano, el accionariado vuelve a estar en manos del Estado y de fondos indexados», advierte Beltrán Rivera, analista de Santander CIB. «Y eso, a medio plazo, suele traducirse en menor agilidad para los contratos internacionales».
La retirada deja a Indra en una encrucijada: o se reinventa con capitales públicos y arriesga la eficiencia, o busca un nuevo socio industrial dispuesto a asumir la factura de los 3 nm que necesita el futuro radar de combate. Mientras, EM&E se aferra a su tejido de clientes —Arabia Saudita, Australia y ahora Polonia— y a unos márgenes del 22 % que ningún gigante del Ibex puede igualar. La guerra de los chips españoles acaba de cambiar de bando, pero la partida está lejos de terminar.
