Disney se venga de la ia: 2.500 millones que se van por la chimenea

disney acaba de encender la hoguera más cara de su historia: 2.500 millones de dólares convertidos en humo de inteligencia artificial y metaverso. El ratón Mickey, que hace apenas dos años prometía reinar la próxima década con algoritmos y mundos virtuales, ahora observa cómo Sora —la joya de la corona de su alianza con OpenAI— se apaga para siempre. La razón: un pozo sin fondo de facturas eléctricas y océanos de vídeo basura que nadie quiere ver.

Cuando el sueño de sora se volvió pesadilla

Josh D'Amaro subió al cargo de CEO con la consigna de «digitalizar la magia». La factura de su ambición: 1.000 millones para que Pixar, Marvel y Lucasfilm alimentaran sus historias con la IA de Sam Altman. El plan era seductor: generar escenas enteras con un prompt, acortar meses de postproducción y llenar Disney+ de contenido a coste cero. Lo que no figuraba en el contrato era que cada minuto renderizado consumía la energía anual de 1.200 hogares y que el 78 % del material resultante era «AI slop» —ese barro pixelado que nadie termina de ver.

OpenAI cerró el grifo el mes pasado. Internamente, los ingenieros lo llaman «el incidente Sora»: un alud de porno deepfake, campañas de desinformación y memes que saturaron los servidores antes que los anunciantes huyeran. Altman no lo dice en voz alta, pero la compañía ha perdido ya tres grandes partners este trimestre. Disney, la más ruidosa, calla y aprieta los dientes.

Epic games ya no salva al rey

Epic games ya no salva al rey

Mientras tanto, en el lado oscuro del metaverso, el otro gigantesco capítulo de despropósitos se llama Fortnite. D'Amaro convenció a la junta para escribir un cheque de 1.500 millones a Epic Games y construir un universo Disney dentro del battle royale. La visión: conciertos de Elsa que se funden con torneos de Spider-Man y parques temáticos virtuales abiertos 24 horas. La realidad: tras dos años, el 61 % de los jugadores ni ha pisado las islas temáticas y Epic anuncia 1.000 despidos para equilibrar sus cuentas.

Tim Sweeney, CEO de Epic, justifica el recorte como «una reestructuración hacia la sostenibilidad». La traducción: el metaverso Disney no genera ni la mitad de ingresos previstos y la fiebre de realidades cruzadas se desinfla. Los analistas de Wedbush Securities calculan que Disney sólo recuperará 400 millones de su inversión. El resto es ya una partida contable en rojo.

El precio de creer en la tecnología sin plan de negocio

El precio de creer en la tecnología sin plan de negocio

Disney no es la única víctima del hype, pero sí la que más ha pagado por él. Entre los dos pinchazos, la compañía ha dejado de lado mejoras tangibles: su servicio de streaming aún arrastra deudas de 11.000 millones, los parques temáticos sufren mantenimiento tras años de ahorro y los guionistas de Hollywood exigen cláusulas que limiten el uso de IA en guiones. El resultado: un robo de valor a largo plazo por perseguir una utopía que ni siquiera existe.

La moraleja no es nueva: cuando la magia se confía solo a los algoritmos, el truco se descubre. Y en el caso de Disney, el precio del desmentido asciende a 2.500 millones de dólares que ya nadie recuperará. El próximo CEO, quien sea, tendrá que volver a contar cuentos de hadas con lápiz y papel. A veces, lo analógico es el mejor antídoto contra la quema de capital.