Ormuz en llamas: trump abre la válvula y los mercados respiran

Una bola de fuego iluminó la noche persa cuando los aviones estadounidenses bombardearon la ciudad de Natanz, hogar del corazón nuclear iraní. La respuesta no se hizo esperar: un petrolero kuwaití cargado hasta los topes quedó envuelto en llamas tras el contraataque de Teherán. Cinco semanas de guerra y el estrecho de Ormuz —por donde fluye el 20 % del crudo mundial— sigue siendo un túnel de vidrio que cruje bajo los pies de la economía global.

Donald Trump rompió el silencio con una frase que hizo temblar los terminales de Bloomberg: está dispuesto a frenar la ofensiva si eso calma a los mercados, aunque Irán mantenga cerrado el paso. La promesa disparó los futuros: S&P 500 y Dow Jones saltaron un 0,9 %; el Nasdaq, un 0,8 %. La sangría de febrero quedó, de momento, en una cicatriz que deja de sangrar.

El crudo se dispara y el diesel europeo se ahoga

La cotización del Brent trepó hasta 107,56 dólares el barril; el West Texas, a 103,71. En solo un mes, el petróleo se ha encarecido más del 40 %. Los buques cisterna viran rumbo a Cabo de Buena Esperanza para esquivar el peaje que Teherán impone en el golfo Pérsico. El resultado: el diésel europeo escasea y los precios en la pompa superan los 4 dólares el galón en EE. UU. por primera vez desde 2022.

Mientras tanto, la inflación en la Eurozona remontó hasta el 2,5 % en marzo, medio punto por encima de febrero. Los mercados ya cotizan un posible aumento de tipos por parte del BCE y la Fed, algo impensable hace tres semanas. El Euríbor registra su mayor subida desde 2008.

Tokio se hunde, parís se agarra al alza

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El Nikkei 225 perdió otro 1,6 % y se hundió hasta 51.063 puntos, borrando las ganancias del año. En Seúl, el Kospi cayó un 4,3 %. Europa, en cambio, se aferra al verde: el CAC 40 francés sube un 0,5 %, el DAX alemán un 0,6 % y el FTSE 100 británico un 0,9 %. La lógica es fría: cuanto más cerca del Atlántico, más se beneficia de cualquier tregua que Trump insinúe.

El senador Marco Rubio avisó que el presidente “tiene opciones sobre la mesa” si Irán sigue cobrando peaje marítimo. La diplomacia se mueve al ritmo de los algoritmos: cada palabra pronunciada en Washington añade o resta miles de millones en pantallas que parpadean en Londres, Nueva York y Tokio.

La partida está servida. El tablero es el mar; las fichas, los barcos; y el reloj, un barril de crudo que oscila más rápido que el latido de un algoritmo. La próxima jugada puede encender o apagar la luz de medio planeta.