La ram explota: raspberry pi se dispara 100 $ y confirma la hambriga de chips

Raspberry Pi acaba de inflar sus precios por tercera vez en semanas. La Pi 5 de 16 GB cuesta ahora 369 €, 100 $ más. No es un chiste del 1 de abril: es la primera vez que la fundación sin ánimo de lucro admite que la LPDDR4 se ha encarecido siete veces en doce meses.

El silicon-valle de la desesperación

Eben Upton no se anduvo con eufemismos: «El gramo de DRAM que usamos vale siete veces más que el del año pasado». La culpable es la inteligencia artificial, que se ha tragado la producción de los gigantes Samsung, SK Hynix y Micron, dejando migajas para el resto del planeta. El resultado: una Raspberry Pi 5 de 8 GB sube 50 $; la versión de 16 GB se dispara 100 $; el teclado-ordenador Pi 500+ se encarece 150 $. Incluso la Compute Module 4, reina de los OEM, estrena etiqueta roja.

La fundación intenta amortiguar el golpe con una Pi 4 de 3 GB —nunca antes fabricada— para que los makers paguen «solo lo indispensable». Pero la triquiñuela no disimula la realidad: la placa low-cost por excelencia ya no es low-cost. Por 369 € montas un mini-PC x86 más rápido, con SSD NVMe y gráfica integrada que deja atrás al SoC Broadcom de la Pi.

Promesa póstuma de rebaja

Promesa póstuma de rebaja

Upton firma una promesa inédita: cuando el precio del silicio baje, bajará también el catálogo. Lo firma porque puede: Raspberry Pi no cotiza en bolsa, no tiene inversores que exijan margen. Pero el mercado no espera: los scalpers de Amazon ya revenden la Pi 5 de 16 GB por encima de 450 €. Y los fabricantes de PCs de marca, que compran DRAM por contenedores, no bajan sus precios desde 2021 a pesar del desplome del mercado.

La moraleja es cruda. La hambriga de RAM no es un rumor de foros; es una línea de montaje que se frena, un prototipo que se encarece, un aula que renuncia a diez Raspberry Pi para este curso. La innovación abierta ya no depende de la creatividad: depende de cuántos gigabytes estén dispuestos a ceder los data centers que entrenan modelos de lenguaje. El futuro se construye con las sobras del futuro.