Indra expulsa a su presidente tras la guerra de despachos y coloca al hombre fuerte de la caixa

El consejo de administración de Indra ha fulminado este jueves a su presidente ejecutivo, Ángel Escribano, y ha colocado en su sillón a Ángel Simón, el ex consejero delegado de CriteriaCaixa y ex presidente de Agbar. La operación, pilotada por SEPI —primer accionista con el 28 %—, deja a José Vicente de los Mozos con todas las riendas operativas del grupo de tecnología para defensa y transporte.

Una dimisión forzada que llega por whatsapp

Escribano presentó su renuncia la noche del miércoles durante un consejo extraordinario convocado por la vía rápida. En la carta que leyó a los consejeros admitió que «los acontecimientos de las últimas semanas» han convertido su continuidad en un «riesgo para los objetivos esenciales de Indra». Traducción: la presión de los accionistas públicos —SEPI y, en última instancia, el Ministerio de Defensa— ha acabado con su mandato dos años antes de lo previsto.

La ruptura llega tras semanas de tensiones internas. Escribano, ingeniero civil y ex presidente de Sener, había empezado a cuestionar abiertamente la hoja de ruta de De los Mozos, impulsada por el Estado. El desencadenante fue la venta de la filial Minsait a Indra Sistemas, una operación que concentró el poder en manos del consejero delegado y que Escribano consideró «opaca» en su día. Desde entonces, los despachos de la calle de la Morea se convirtieron en un campo de batalla de informes legales y filtraciones a la prensa económica.

Simón, el hombre que nunca pierde el agua

Simón, el hombre que nunca pierde el agua

Ángel Simón aterriza en Indra con la carta de presentación de haber salvado Agbar de la quiebra en 2010 y de haber integrado la española en el gigante francés Veolia. Nacido en Manresa en 1957, es ingeniero de Caminos y ha pasado por la presidencia de Criteria, el brazo inversor de La Caixa, hasta abril de este año. Su nombramiento como presidente no ejecutivo es una jugada de SEPI para blindar el control político sin sacrificar la imagen de gestión privada.

La jugada tiene lógica: Simón conoce los pasillos de los ministerios —fue consejero de Red Eléctrica y de Enagás— y sabe moverse en sectores regulados. Además, su salida de Criteria se produjo por motivos de edad, no por desacuerdos estratégicos, lo que le deja libre de polémicas. En Indra encontrará un consejo dividido entre los representantes del Estado y los fondos de inversión que entraron con la ampliación de 2022.

De los mozos, el único que suma poder

De los mozos, el único que suma poder

Con Escribano fuera, De los Mozos se queda como único ejecutivo con voz y voto en el consejo. El ex director de fábrica de Seat asumió la dirección general en 2020 con el mandato de reconducir la cuenta de resultados tras el batacazo de la pandemia. Desde entonces ha recortado plantilla en Europa —1.200 despidos en dos años— y ha apostado por el negocio de defensa, donde Indra factura 1.800 millones anuales a través de programas como el Eurofighter o el sistema de mando del F-110.

La factura, eso sí, llega cargada de deuda: 1.300 millones de euros que refinanció en 2023 a tipos cercanos al 5 %. El plan de Simón y De los Mozos pasa por una desinversión en activos no core: la filial de tráfico aéreo y la división de consultoría en América Latina están ya en el escaparate. El objetivo es reducir la ratio de apalancamiento por debajo de 2,5 veces ebitda antes de 2026.

El mercado castiga la guerra interna

Los inversores han recibido el cambio con una caída del 3,4 % en bolsa, hasta los 11,2 euros por acción. La cotización acumula un desplome del 18 % desde que estalló el conflicto interno en marzo. El problema no es solo la gobernanza: los analistas de Bankinter y JB Capital Markets recortaron la semana pasada sus previsiones de beneficio neto para 2025 un 12 % tras conocerse los retrasos en los pedidos de defensa de Arabia Saudí y la subida de costes en el programa de satélites de observación SEOSAT.

La pregunta que ahora se hacen los fondos es si Indra volverá a ser un valor de referencia en el Ibex o se convertirá en una sociedad de gestión pública disfrazada de cotizada. Con Simón en la presidencia y De los Mozos al mando operativo, el mensaje es claro: el Estado controla el timón, pero quiere que el barco siga navegando como si fuera privado. El mercado, por ahora, no se lo cree.