Golfo pérsico en llamas: el gas dispara un 35 % y el crudo roza los 120 $

El gas natural ha tocado hoy 70 €/MWh en Europa tras un aluvión de misiles sobre el mayor corazón de GNL del planeta. El barril Brent ya perforó los 118 $ cuando Israel arrasó South Pars y Teherán devolvió el golpe contra Ras Laffan y Aramco.

La guerra de los combustibles arrasa con el mapa energético

La guerra de los combustibles arrasa con el mapa energético

En menos de 24 h, el 35 % de subida en el TTF ha dejado a las plantas químicas de Rotterdam sin margen de cobertura y ha obligado a Berlín a reabrir centrales de carbón que juró sepultar. La cifra habla por sí sola: 20 % del gas licuado mundial se congela o se incendia bajo bandera qatarí.

El Kremlin observa en silencio. Moscú ya vende su crudo a 100 $ y sabe que cada euro que sube el TTF desangra la competitividad de la industria alemana. Lo que nadie cuenta es que South Pars –el yacimiento franco-iraní más grande del mundo– lleva tres días bombardeado sin que ningún operador occidental pueda evaluar daños. El flujo de condensados que alimenta la petroquímica asiática se evapora.

Trump, desde la Casa Blanca, juega a dos bandas. Desmiente el ataque israelí y, en la misma frase, promete «destruir Irán» si vuelve a tocar Qatar. Arabia Saudí, por boca de Faisal bin Farhan, cierra filas con Turquía, Pakistán y Egipto: «Nuestra paciencia no es ilimitada». El mensaje es claro: Riad puede abrir los grifos o apretar el gatillo.

En Londres, los hedge funds que apostaron a 60 $ por el invierno han tenido que cubrir posiciones a 115. El contango salvaje del Brent desplaza el petróleo de los tanques flotantes a los refinadores que aún resisten. Pero hay un detalle: la flotilla de buques gaseros que atraviesa el estrecho de Ormuz navega a ciegas, sin seguro marítimo ni ventanilla de escolta.

El cierre de este viernes deja un amargo sabor a 2008. El barril puede descender a 110, pero el gas sigue a 62 € y los reserves de invierno de la UE apenas cubren 35 días de demanda severa. Mientras tanto, en las terminales de Zeebrugge y Bilbao, los cargamentos de GNL norteamericano se rematan al triple del precio de hace un mes.

La guerra energética ya no es un riesgo: es la factura que llegará en diciembre. Y nadie ha pedido el menú.