Disney sacudida: d'amaro toma el mando y apunta a la guerra del streaming con ia y fortnite

Bob Iger entrega la varita mágica. Josh D'Amaro acaba de ser nombrado CEO de Walt Disney Company en plena tormenta por los derechos deportivos, la saturación del streaming y la fiebre de la inteligencia artificial. Dos décadas de dominio absoluto de Iger —que rescató a Pixar, tragó a Marvel y Fox— culminan con un imperio de 200 000 empleados y 90 000 millones de dólares de deuda. La tarea de D'Amaro es simple: devolverle el brillo a un título que lleva tres años perdiendo fuelle en bolsa.

El testamento de iger: un estudio en declive y un parque de atracciones que ya no basta

La película es distinta a la de 2005. Entonces Disney arrastraba un catálogo de animación oxidado; ahora arrastra expectativas desorbitadas. El gigante suma 111 millones de suscriptores en Disney+, pero la cuenta de resultados sangra: 1.000 millones de pérdidas operativas en streaming el año pasado. Mientras, Netflix ya factura beneficios y Max-Paramount+ sumarán 200 millones de clientes tras su fusión. La ventaja de escala se evaporó.

D'Amaro no llega a limpiar cenizas; llega a reinventar la chimenea. Su primera declaración pública fue un manifiisto interactivo: Disney+ deja de ser un mero reproductor para convertirse en portal de juegos, realidad aumentada y e-commerce. El servicio fusionará Hulu y ESPN antes de Navidad y estrenará episodios paralelos en Fortnite, el metaverso donde 400 millones de cuentas juveniles pasan más horas que frente a la televisión.

1.500 Millones de razones para no fallar: la alianza con epic games

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El acuerdo con Epic, cerrado por D'Amaro en persona en 2024, es la apuesta más alta de la compañía desde la compra de ESPN en 1996. La idea: un «universo de entretenimiento persistente» donde Mickey, Iron Man y Luke Skywalker convivan con avatares de los jugadores. El desafío técnico es colosal: trasladar los estándares de calidad cinematográfica de Disney a un motor que debe renderizar 100 jugadores simultáneos sin caídas. La recompensa, si funciona, es devolver a la Gen-Z la misma fascinación que sus padres sintieron con El Rey León en 1994.

Pero el reloj corre en sentido contrario. Los flujos de caja del segmento de parques —antiguo talón de Aquiles— crecen solo un 3 % anual, por debajo de la inflación. La deuda ronda los 90 000 millones y el consejo exige reducirla a 70 000 antes de 2027. Significa recortar películas caras, cancelar series de 150 millones y, posiblemente, vender activos menorcuados como FX y National Geographic. D'Amaro ya adelantó que la inteligencia artificial «recortará costes de producción en un 20 %»; la frase suena a sinónimo de despidos encubiertos en los estudios de Burbank.

El enemigo ya no es netflix: es apple, google y meta

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La batalla ya no se juega en quién tiene más suscriptores, sino en quién controla la interfaz. Apple Vision Pro estrena próximamente experiencias inmersivas de Disney; Meta pagó millones por derechos de transmisión en VR; Google quiere a ESPN dentro de YouTube TV. Cada acuerdo es un punto de venta que le quita control de datos —y por tanto de publicidad— a los de Burbank. D'Amaro repitió la palabra «propietario» seis veces en la conferencia de prensa: quiere que los fans entren, compren y jueguen sin salir del ecosistema Disney. De ahí la obsesión por la interoperabilidad de Disney+ con parques, juegos y merchandising.

La jugada final podría ser una adquisición que nadie contempla: Roblox. Con 70 millones de usuarios diarios y su propia economía en Robux, la plataforma le daría a Disney una base de datos de menores de 16 años que Netflix jamás podrá tocar. El precio ronda los 40 000 millones, la mitad de lo que Disney pagó por Fox. La lógica: si los niños ya no quieren ver historias, hay que ponerles las historias en el mundo donde ya viven.

El test será inmediato: en octubre estrena la nueva temporada de Mandalorian con episodios interactivos dentro de Fortnite. Si logra que el 30 % de los espectadores acceda al contenido desde el juego y repita la experiencia, habrá justificado la inversión de 1.500 millones. Si fracasa, los inversores castigarán el título y D'Amaro se convertirá en el primer CEO de Disney en ser despedido por no entender a la audiencia que nunca fue suya.

En Hollywood ya se murmura: el verdadero sucesor de Iger no es un directivo, es un algoritmo. D'Amaro tiene 18 meses para demostrar que aún se puede ganar dinero contando cuentos, aunque los cuentos ahora se jueguen con mando en mano.