Copenhague se vota en bloque: los rojos rozan la mayoría, trump acecha groenlandia

Las urnas danesas cerraron esta noche con un tablero calcado: el bloque rojo de Mette Frederiksen 86 escaños, el azul 75 y los Moderados de Lars Løkke Rasmussen en la posición de rey fabricante. Nadie alcanza los 90 necesarios. Otra vez. Y mientras los partidos escrutan actas, en Washington siguen sonando los tambores de Trump por Groenlandia.

El escenario que nadie quería

La victoria socialdemócrata es pírrica. Con el 21 % de los sufragios, Frederiksen conserva la jefatura del Ejecutivo, pero perderá la comodidad de gobernar solo con su bloque. El sondeo a pie de urna de Megafon para TV 2 dibuja un Parlamento fragmentado donde hasta el partido más pequeño —14 escaños de los Moderados— puede cobrar un precio desorbitado por cada voto. El sistema proporcional danés castiga la ambición de mayorías absolutas y premia la negociación extorsiva. Copenhague volverá a vivir semanas de corridas de pasillos y documentos de programa a medio sellar.

El bloque azul, liderado por el liberal Venstre, se desmorona en territorios rurales y en los suburbios de Aarhus. La ultraderecha de Dansk Folkeparti no remonta; ni siquiera el ala dura de Nye Borgerlige logra el 5 % nacional. La derecha danesa entra en la negociación postelectoral sin liderazgo claro y con la factura del tira y afloja sobre la OTAN en el bolsillo.

Trump, el fantasma ártico

Trump, el fantasma ártico

La campaña local apenas habló de Groenlandia, pero el tema sobrevuela cada despacho. En enero, Frederiksen advirtió que la anexión forzada por Washington rompería la alianza atlántica. Ahora, con las elecciones cerradas, el ministro de Exteriores confirma que los técnicos siguen reunidos con sus homólogos estadounidenses para un «acuerdo de seguridad en el Ártico». Traducción: Trump no ha tirado la toalla.

El presidente electo mantiene la ambición de comprar la isla —rica en minerales cruciales para baterías y turbinas— y los Moderados, posible bisagra del próximo gabinete, ya abrieron la puerta a una base militar conjunta si ello garantiza inversiones. La línea roja de Copenhague se desdibuja cuando el poder cuesta 14 escaños.

En Nuuk, capital groenlandesa, el premier Múte Egede exige reconocimiento pleno de autonomía antes que cualquier conversación. Pero Dinamarca paga el 30 % del presupuesto groenlandés y, sin ese subsidio, la isla se hunde. El anillo de Trump aprieta y Copenhague no puede darse el lujo de un «no» rotundo.

El resultado: un país dividido en bloques, unas negociaciones que arrancarán esta misma madrugada y un inquilino en la Casa Blanca que observa cada escaño como si fuera una casilla de un tablero de Risk. Dinamarca elige gobierno, pero el precio de la mayoría puede ser Groenlandia.