Bbva saca la artillería ia para blindarse de la crisis y reinar en la banca

Mientras la guerra, la factura de la luz y la desmaterialización del dinero sacuden los cimientos del sector financiero, BBVA ha decidido que su escudo y su espada se llaman inteligencia artificial. El mensaje, repetido hasta la saciedad en la junta de accionistas del viernes en Bilbao, suena a orden de batalla: la IA no es un departamento, es el plan de negocio entero.

Carlos Torres Vila subió al estrado con el tono tranquilo de quien ya ha visto esta película. En 2015 despidió a 2.000 empleados y clausuró oficinas para abrazar la transformación digital; diez años después presume de haber adelantado al resto y promete repetir la jugada. «Fuimos pioneros entonces, y ahora vamos a liderar la era de la inteligencia artificial», proclamó ante 1.200 accionistas que celebraron la frase con palmas medidas y cafés aún calientes.

El negocio de las personas pasa por las máquinas

Onur Genç, consejero delegado, se encargó de matizar lo que muchos temen: que la algoritmia acabe devorando empleos. «Nuestro negocio es de personas que dan servicio a personas», dijo, justo antes de exponer un esquema donde la IA aparece en el centro de la diana: mejorar la experiencia del cliente, acelerar procesos internos y exprimir la productividad de los 127.000 empleados. Traducción: menos fricción, menos coste, más margen.

El banco ya tiene desplegados modelos de riesgo que aprenden solos, chatbots que resuelven el 84 % de las consultas sin intervención humana y un sistema de alertas que anticipa impagos tres meses antes que el método tradicional. La cifra habla por sí sola: 11,5 millones de nuevos clientes en 2025, dos de cada tres captados por canales digitales. La meta es llegar a 100 millones en 2027 sin abrir una sola sucursal nueva.

Altman avisa: la superinteligencia llega en 2028

Altman avisa: la superinteligencia llega en 2028

La junta se celebró apenas 48 horas después de que Sam Altman, CEO de OpenAI, lanzara su profecía en Ginebra: la superinteligencia artificial será una realidad en tres años y obligará a rediseñar la gobernanza mundial. En el Palacio Euskalduna nadie mencionó el aviso, pero la sombra planea. BBVA ha creado un comité de ética algorítmica —integrado por científicos, juristas y filósofos— que revisa cada modelo antes de salir a producción. «Queremos ser rápidos, pero no temerarios», susurró un directivo durante el café.

La transformación no es gratis. El banco invertirá 1.200 millones de euros en tecnología en el trienio 2025-2027, una cifra récord que equivale al 20 % del beneficio neto del ejercicio anterior. Los accionistes aplaudieron cuando se anunció un dividendo complementario de 0,45 euros por acción, pero en los pasillos circulaba la pregunta punzante: ¿cuánto durarán los empleados que no sepan programar un prompt?

El balance de 2025 —10.511 millones de beneficio y un ROTE del 19,3 %— sirvió como coartada. Torres lo calificó de «excepcional» y justo en la línea del plan estratégico que se extiende hasta 2029. La opa fallida sobre Sabadell quedó enterrada bajo gráficos de color azul eléctrico que mostraban cuota de mercado creciente en México, Turquía y España. La moraleja: la guerra de fusión la perdió, pero la guerra de los datos la está ganando.

Al salir del Euskalduna, un grupo de inversores alemanes comentaba entre cigarros que BBVA se está convirtiendo en una fintech con licencia bancaria. La frase resume el desafío: si todo va bien, el banco será un gigante de la información que presta dinero como excusa; si falla, la regulación o un algoritmo sesgado le harán saltar por los aires. La apuesta es todo o nada. Y el cronómetro de Altman corre.