Baja médica y selfie en la playa: el despido que espera en el feed
Una historia repetida: trabajador en baja por lumbalgia, Instagram lo delja en bikini surfeando en Bali. A la vuelta, la empresa le tiende una carta de despido disciplinario. No es anécdota de RRHH; es la jurisprudencia que multiplica los procesos y que el Estatuto de los Trabajadores avala sin miramientos.
El tribunal fija el límite: coherencia médica o calle
La clave no está en prohibir viajes o deportes, sino en que cada acción del paciente debe ser coherente con el diagnóstico. Los magistrados del Supremo han confirmado 37 despidos en lo que va de año por «simulación de enfermedad». El patrón: fotos de escapadas románticas cuando la baja habla de «incapacidad para moverse». El fallo se apoya en el artículo 54 del ET: incumplimiento grave y quebranto de la buena fe contractual.
El abogado laborista Marta Renedo lo resume así: «No hay lista negra de actividades; hay una radiografía de riesgo. Si tu columna está «inmovilizada» y subes un TikTok haciendo bungee, el perito médico de la Mutua no va a pedir explicaciones; va a dictaminar fraude directamente».

El permiso escrito que salva el puesto
La única escudo legal es el informe médico previo. La autorización debe ser por escrito, detallar el destino, la duración y justificar por qué ese desplazamiento no entorpece la recuperación. Sin papel, la empresa interpreta el viaje como vacaciones encubiertas y la foto como prueba irrefutable. Con papel, el mismo viaje se convierte en «tratamiento psicológico» y la indemnización pasa a ser de 33 días por año en lugar del adiós fulminante.
El dato: el 62 % de los despidos por baja fraudulenta se resuelven a favor de la empresa cuando el trabajador no aporta informe médico previo, según el Observatorio de Derecho Laboral de la Universidad Autónoma.

El algoritmo de la seguridad social también espía
La Inspección ya no espera la denuncia interna. Desde 2023 crucen datos de tarjetas embarque, consumo en el extranjero y geolocalización de móviles. La Mutua tiene acceso a los registros de aduanas; si tu baja dice «depresión» y pasas 14 días en Ibiza con 42 entradas a discotecas, el sistema dispara un aviso automático. El proceso disciplinario se inicia antes de que el interesado pise la oficina.
Conclusión: la baja deja de ser un paréntesis para convertirse en un contrato de actuación. El trabajador que se salta el guion médico no arriesga solo la incapacidad; apuesta su propio empleo. Y la banca gana la casa: el despido se sostiene en menos de 45 días y sin indemnización. La moraleja no es nueva, pero el coste sí: un sueldo medio de 24.000 € volatilizado por una historia de Instagram que duró 24 horas.
